Recortes universitarios

La Universidad Pública de Navarra va a percibir 55 millones de euros para el próximo curso, seis menos de lo que estaba previsto. A nadie se le escapa que la educación es la base de la sociedad y que tener un buen Campus Universitario ayuda. Todos los grupos coinciden que ahora toca hacer más con menos. Discrepo, igual lo que hay que hacer es modificar el sistema actual.

No es de recibo que el fracaso universitario cueste 3000 millones de euros a las arcas del conjunto de España. Algo se está haciendo mal. Me parece un derecho indispensable la enseñanza pública, pero me suena a broma que el Estado mantenga holgazanes en las aulas universitarias porque pasaban por allí y porque la vida universitaria no deja de ser un placer.

Además, el 30% de los estudiantes dejan la carrera a los dos años de empezar, y las exigencias para no ser expulsados de las titulaciones son mínimas, aprobar un 20% de los créditos el primer año. ¿Se imagina que a usted le permitieran hacer sólo el 20% de su trabajo y le pagaran igual? Un chollo.

El planteamiento es fácil, una oportunidad. No entiendo por qué el Gobierno y por ende el bolsillo de todos los ciudadanos tienen que tener la obligación de seguir manteniendo a los malos estudiantes. Con los exámenes ordinarios (febrero, junio, septiembre), es más que suficiente, y el que no pase el corte, que lo pague de su bolsillo. A eso se le llama justicia.

De la misma manera que quien tiene que estudiar en una privada tiene que hacer un esfuerzo y si suspende una asignatura ve como la subvención se reduce sensiblemente. La Universidad se limpiaría de vagos, estudiarían quienes realmente quieren sacar una carrera adelante. Mantendríamos el famoso Estado de Bienestar y un derecho fundamental como la educación y los ciudadanos cumpliría con su deber. Mejor para todos, también para la caja de la Universidad. A ver si algún partido se atreve a plantearlo.

Generación Ni-Ni

Los chicos de los ochenta en adelante, esos jóvenes que ahora soplan como mucho treinta velas sobre la tarta, son muchas veces la diana de las críticas sociales y políticas. Una generación, dicen, sobradamente preparada que ahora en vez de coger el toro por los cuernos llora en las colas del INEM  e imprime sus pesados currículos cargados de carreras, másteres e idiomas con más pena que gloria.

Los adolescentes y jóvenes de hoy en día han sido catalogados con la etiqueta Ni-Ni, ni estudian ni trabajan. Yo prefiero hablar de la “otra” generación Ni-NI, ni desisten ni tiran la toalla. Son decenas de miles de jóvenes que se están ganando la vida en todos los lugares del país, que viven de la ambición y el trabajo, que se ilusionan, se atreven, arriesgan y emprenden. Jóvenes que, bajo la lluvia de la crisis, intentan dibujar el futuro de España.

Ahora hablan de que no recuperaremos la normalidad hasta dentro de cinco años, y como si fuéramos un deportista lesionado, la generación mejor preparada del país aboga por arrimar el hombro e intentar acortar los plazos de recuperación para saltar de nuevo al parqué.

Es una generación que, además de animarla a seguir levantando el país, hay que mimarla. De nada sirve formarlos y posteriormente “regalarlos” a otros países. No son pocos los españoles que tienen que saltar las fronteras para poder desarrollar su labor profesional porque en España, el Gobierno, acota y pone muros.

Quizá haya que enfocar bien las subvenciones y apostar de una vez por todas por el I+D+I. Hay que controlar más las ayudas, las becas y canalizarlas para dar oportunidades a quien realmente se las merece, y no meter en un mismo saco a todos los universitarios que, por vocación, casualidad u obligación acaban en la misma aula. Oportunidades para todos sí, pero para todos los que las merezcan.