Recortes universitarios

La Universidad Pública de Navarra va a percibir 55 millones de euros para el próximo curso, seis menos de lo que estaba previsto. A nadie se le escapa que la educación es la base de la sociedad y que tener un buen Campus Universitario ayuda. Todos los grupos coinciden que ahora toca hacer más con menos. Discrepo, igual lo que hay que hacer es modificar el sistema actual.

No es de recibo que el fracaso universitario cueste 3000 millones de euros a las arcas del conjunto de España. Algo se está haciendo mal. Me parece un derecho indispensable la enseñanza pública, pero me suena a broma que el Estado mantenga holgazanes en las aulas universitarias porque pasaban por allí y porque la vida universitaria no deja de ser un placer.

Además, el 30% de los estudiantes dejan la carrera a los dos años de empezar, y las exigencias para no ser expulsados de las titulaciones son mínimas, aprobar un 20% de los créditos el primer año. ¿Se imagina que a usted le permitieran hacer sólo el 20% de su trabajo y le pagaran igual? Un chollo.

El planteamiento es fácil, una oportunidad. No entiendo por qué el Gobierno y por ende el bolsillo de todos los ciudadanos tienen que tener la obligación de seguir manteniendo a los malos estudiantes. Con los exámenes ordinarios (febrero, junio, septiembre), es más que suficiente, y el que no pase el corte, que lo pague de su bolsillo. A eso se le llama justicia.

De la misma manera que quien tiene que estudiar en una privada tiene que hacer un esfuerzo y si suspende una asignatura ve como la subvención se reduce sensiblemente. La Universidad se limpiaría de vagos, estudiarían quienes realmente quieren sacar una carrera adelante. Mantendríamos el famoso Estado de Bienestar y un derecho fundamental como la educación y los ciudadanos cumpliría con su deber. Mejor para todos, también para la caja de la Universidad. A ver si algún partido se atreve a plantearlo.

Con el 9

Un segundo trimestre con mucha radio el que hemos tenido el equipo de “Con el 9”. De manera voluntaria un grupo de estudiantes de 4º de Periodismo nos animamos a hacer un buen programa para la radio de la Universidad, 98.3 Radio. El nombre, “Con el 9”, porque éramos nueve los osados que nos propusimos hablar una hora semanal de deporte navarro de otra manera.

Contamos con secciones como “Cara B”, “Los otros cracks” o “El duelo”, que pretendían conocer cómo funcionan los árbitros en las distintas federaciones, el trabajo de los utilleros, masajistas, médicos, segundos entrenadores, delegados…, o enfrentar directamente a dos pelotaris.

Lo pasamos bien, aprendimos e hicimos un buen trabajo que ahora podéis escuchar y disfrutar.El último día hicimos un programa especial con Ion Echaide y Javier Camuñas, jugadores de Osasuna, y una veintena de chavales preguntones que les sacaron los colores. Si tiene un rato, merece la pena.

Encultura

Este ha sido un gran año en FCOM, el último de una buena generación. Han sido nueve meses muy intensos, cargados de trabajo y de periodismo, de buen Periodismo. He tenido el placer de ser el subdelegado de una gran clase que tiene futuro, y dentro de no mucho los leeremos en los mejores periódicos, les escucharemos en las franjas radiofónicas de máxima audiencia, y les veremos en nuestras pantallas de televisión.

Hemos trabajado mucho para llegar hasta aquí. El primer trimestre tuvo como piedra angular el famoso suplemento. La empresa era complicada a la par que motivante. Voluntariamente, todos los alumnos de 4º de Periodismo que lo deseáramos podíamos embarcarnos en un proyecto de papel, realizar desde cero un suplemento. Después de un par de reuniones definimos el tema, un vistazo a Navarra a través de la cultura, y el equipo, al cual tuve el placer de dirigir.

32 páginas con la finalidad de presentar la Comunidad foral de Navarra a través de la cultura. 4500 ejemplares fueron repartidos por los distintos enclaves culturales de la comunidad. Un proyecto desarrollado en el marco de la asignatura “Edición de diarios y revistas”.

La portada se sale de lo habitual. Algo sugerente, transgresor, subjetivo y que recoge el espíritu de la publicación. Mil gracias de nuevo a Bryan Rea, ilustrador americano que ha trabajado en The New York Times entre otros medios, artífice de esta gran portada.La portada de Bryan Rea

Consultamos decenas de fuentes, sacamos miles de fotografías, corregimos y recorregimos los textos, invertimos cientos de horas en el diseño y rezumamos Periodismo durante meses.

Encultura arrancaba con una doble página muy gráfica en la que se recoge la cultura Navarra en datos, acompañados de una entrevista al Consejero de Cultura del Gobierno de Navarra, Juan Ramón Corpas, que posteriormente tanto ha dado que hablar incluso en el propio Parlamento foral.

Cerca de 45000 libros esperan ser leídos en una de las casas con más cultura de la comunidad, como es la casa de la familia Baroja, a la que entramos acompañados de expertos.


Diez profesionales del cine en Navarra nos contaron cómo está la situación cinematográfica en la comunidad.




La simbiosis del espacio, arquitectura y ciudad también tuvieron cabida en estas 32 páginas. Reflexiones de cinco grandes arquitectos. Un tema ilustrado por Pedro Marrodán.

La gastronomía en Navarra no puede ser otra cosa más que cultura. Encultura organizó una comida con las cofradías forales.

Los paisajes navarros cobran importancia y tienen su sitio en el suplemento. La pintura en nuestras páginas.

Los periodistas a examen. Periodistas haciendo un cuestionario a los periodistas que trasladan la cultura a los ciudadanos.

El kiosco de la Plaza del Castillo sirvió de lugar de reunión con diez músicos navarros. Desde jotas hasta pop-rock, pasando por cantautores…

Los idiomas son cultura, y en Navarra tenemos la suerte de contar, además de con el castellano, con el euskera. Cultura lingüística de la mano de la dantza.

Para cerrar Encultura, un plato fuerte: el teatro. Un reportaje que engancha apoyado por su exquisito tratamiento fotográfico.


32 páginas de cultura navarra encerradas en un suplemento gestado, producido, realizado incluso distribuido por los alumnos de 4º de Periodismo. Gracias a todos ellos por el gran trabajo realizado, que tampoco hubiera sido posible sin la ayuda de Diario de Navarra, que se hizo cargo de los gastos de impresión. Por último, una foto de la redacción de Encultura el día de la presentación, en la que contamos como madrina con Blanca Berasategui, directora de El Cultural, revista semanal del diario El Mundo.

Yo guardo unos cuantos ejemplares, si alguien está especialmente interesado en tenerlo en papel, que no dude en pedírmelo. Merece la pena.

AÑOS DE REPRESIÓN Y FALSO APERTURISMO

Reseña del libro: “Disidencia y subversión. La lucha del régimen franquista por su supervivencia, 1960-1975” (Pere Ysàs)

¿Está superado ya el régimen franquista? Está claro que la transición fue el primer paso para enterrar el régimen dictatorial y las ideas franquistas en España. A día de hoy, nadie se pregunta qué hubiera sido de nuestro país en caso de haber continuado un régimen como el que cayó oficialmente en 1975. Lo que sí que está claro es que Francisco Franco “murió en la cama”.

Una sentencia que recoge Pere Ysàs en la introducción de su libro y que con tan solo cuatro palabras consigue resumir una época. En los últimos años de dictadura, muchas eran las voces que se alzaban, en la medida de lo posible, contra la figura del Generalísimo. Hablamos de los años comprendidos entre 1960 y 1975, recogidos por el autor en cinco ordenados temas que de una manera correcta recogen y tocan todos los palos de la sociedad: comienza hablando de los estudiantes y termina hablando de la Iglesia, pasando por los intelectuales y la movilización obrera.

La rebelión de los estudiantes

La cultura es la base de la sociedad, por eso no es de extrañar que uno de los focos antifranquistas tuviera su origen en las facultades españolas. Desde mitades de los años cincuenta los estudiantes comenzaron a mostrar públicamente su rechazo a la dictadura, pero sin duda alguna que las protestas alcanzaron su punto álgido en los años sesenta, cuando, incluso, los dirigentes franquistas se vieron inundados por un sentimiento de preocupación ante el creciente rechazo de quienes estaban llamados a ser los ilustrados del país.

A pesar de las preocupaciones, diversos informes de los rectores de distintas universidades apuntaban que el gremio estudiantil todavía no había entrado en apasionadas protestas y que se situaban más cerca de la indiferencia. Los jóvenes comenzaban a tener una mayor conciencia social avivada en el orden intelectual.

Estaba claro que las universidades comenzaban a distanciarse del control franquista. Fue entonces cuando se plantearon llevar a cabo un entramado propagandístico en defensa, según los afines al régimen, de la patria. Trataban de encauzar las inquietudes universitarias. En 1962 la preocupación era tal que se trató el problema universitario en el Consejo Nacional del Movimiento. Una de las conclusiones más importantes sacadas en este Consejo la recoge el propio autor: “corremos el grave riesgo de quedarnos sin juventud precisamente por nuestro afán de modelarla exactamente a nuestra propia medida”. Para evitarlo, se propusieron consolidar la SEU para encauzar las inquietudes universitarias. Pero finalmente los franquistas se opusieron a la democratización del sindicato estudiantil, y obligaron, mediante decreto de ley, la creación en todos los centros y universidades de asociaciones de estudiantes, de afiliación obligatoria y sometidas al control de la autoridad académica.

Los estudiantes no se quedarían impasibles y organizaron sindicatos democráticos al margen de la ley lo que a la postre originó un aumento de la tensón ya existente. Llegó hasta tal punto el ambiente de tensión que muchos dirigentes franquistas pensaron que la única forma de acabar con la rebelión estudiantil era sacar los tanques a la calle e imponerse, una vez más, por la sinrazón de la fuerza y la violencia. Otros, en cambio, pensaban que la represión no era solución y que la única vía era la del cambio.

En 1969 se establecieron tres meses de estado de excepción para llevar a cabo un plan contra la subversión de la Universidad española. No consiguieron más que minar a corto plazo el activismo estudiantil. La represión universitaria se extendió entre 1971 y 1973. La conflictividad social y política se diversificaron y la revuelta estudiantil perdió importancia para el régimen.

Está muy claro que para el régimen de Franco los universitarios y sus protestas tuvieron una importancia máxima hasta el punto de plantearse y llevar a cabo el estado de excepción, pero con el paso de los años y en vista de que nada podían hacer para reprimir el antifranquismo en las aulas, la preocupación se extendió a otros ámbitos de la sociedad.

La crítica de los intelectuales

En los años sesenta la oposición intelectual comenzó a ganar relevancia políticamente hablando. Los intelectuales se veían alentados por los movimientos universitarios y el cambio generacional. El régimen se movió entonces entre la represión y la tolerancia.

Los intelectuales españoles se vieron apoyados por todos los ilustrados exiliados y por sus homólogos europeos, que gracias a los medios de comunicación internacionales pudieron posicionarse en favor de los intelectuales del país.

La censura fue sin duda un punto fuerte del régimen a todos los niveles. A nivel informativo e incluso a nivel expresivo y artístico. Quedaba patente la imposibilidad del fluir del libre pensamiento, porque no llegaba la liberación del pensamiento. Los intelectuales escribieron y firmaron una carta a Fraga, solicitándole: la libertad de asociación, el derecho a huelga, libertad de información y de expresión y libertad para las personas condenadas por alguna de las tres exigencias anteriores.

La Ley de Prensa de 1966, más conocida como la Ley de Fraga, no vino sino a estropear la situación. Generó una mayor conflictividad porque “alimentó el disenso intelectual, visualizó la represión mediante multas, secuestros, suspensión de publicaciones…”, como recoge el autor.

La canción protesta comenzó a ganar adeptos, celebrándose conciertos secretos de cantautores que clamaban en contra de Franco. En cualquier caso, y a pesar de la represión, el régimen no pudo cortar las expresiones artísticas en su contra. Es más, cuanto más se agudizaba la propia represión frente a los intelectuales, más alentados se veían estos para seguir denunciando.

La movilización obrera

La huelga y la libre acción de los trabajadores estaban prohibidas en la época franquista, lo cuál añadió una mayor conflictividad a la movilización obrera, ya que lo que se ponía en tela de juicio era la propia legalidad. Las reivindicaciones laborales se sumaban en todos los sectores y a lo largo y ancho de España, lo que daba lugar a calientes conflictos, reprimidos, en la mayoría de los casos con la violencia que caracterizó al régimen franquista.

En los últimos años de dictadura, las reivindicaciones obreras, más allá de las mejoras laborales, se tornaron en meras reivindicaciones políticas. Y el régimen se equivocaba al apuntar a las necesidades económicas como origen de las revueltas. Creían que los cambios que afectaban al modo de vida de los obreros erradicarían las protestas; pero nada o poco tenían que ver.

Las huelgas de 1962 y 1963 impulsaron la consolidación de Comisiones Obreras, que se erigió como “la plataforma más eficaz para la defensa de los intereses de los trabajadores”. Se impulsaron entonces reformas en el ámbito laboral y sindical, aunque se mantendrían importantísimas restricciones a la colectividad. Por ejemplo, las huelgas seguían siendo ilegales, todas.

En 1966 se convocaron elecciones sindicales, con una elevada participación. CCOO confirmaron entonces su extensión y calado dentro de la clase obrera española. Evidentemente esa no era la idea del régimen, que pensaba “encauzar e integrar” la conflictividad y peticiones obreras, por lo que aumentó la represión, una vez más. En 1967 ilegalizaban CCOO. En 1969 se vuelve al estado de excepción con la idea de “desarticular la redes de activismo obrero opositor”.

La conflictividad se recrudece sucesivamente en 1970 y sobre todo en 1972 y aún más en 1973. La Ley Sindical aprobada en 1971 no tuvo efectos prácticos. A partir de 1974 y con Arias Navarro al frente del Gobierno se intentó cierto aperturismo que a la postre fue mínimo e insuficiente, a pesar de reconocer, entre tras cosas, el derecho a huelga.

La subversión

Bajo este concepto el régimen franquista incluía a la oposición organizada, frente a los cuales tan sólo cabía la represión. Las organizaciones que más se oponían al régimen buscaron el amparo de colectivos que no despertaran sospechas de ser subversivos para llevar a cabo sus actividades de oposición. Además, la represión franquista se vio aminorada por las repercusiones internacionales tan negativas que estaban alcanzando.

El régimen creo una imagen de los subversivos cercano al comunismo e identificada a la hoz roja, pero nada más lejos de la realidad, porque los opositores provenían de todas las ideologías menos, evidentemente, de la franquista. No hicieron con esta actuación propagandística más que dificultar la identificación de los subversivos.

Faltaba legitimidad y consenso dentro del régimen, aunque también es verdad que a pesar de todos los avatares el régimen se mantenía. Una vez más se recurrió al estado de excepción que se saldó con 1221 detenidos –cifras oficiales-. Se creó una campaña antiespañola en el exterior. La represión fue tal que parecía una vuelta a los primeros años de la dictadura franquista, y para muestra las sentencias de muerte impuestas por el régimen. Desde el exterior se clamaba por el indulto que nunca llegó, dando el régimen una imagen de recrudecimiento dentro de su propia debilidad.

La disidencia eclesiástica

Algunos sacerdotes españoles llevaron a cabo actividades reconocidas como subversivas, lo cuál minaba las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Esto no quiere decir que las llevaran a cabo en primera persona, pero sí que apoyaban y amparaban acciones en contra del régimen, llegando incluso a encubrir a quienes alzaban su voz contra Franco.

Las relaciones entre el Estado y la Iglesia no eran tan idílicas como Franco y sus secuaces querían hacer ver. Al menos no en estos últimos años de franquismo. El Papa llegó a pedir a Franco que renunciara al derecho de presentación y no aceptó, lo cuál empeoró si cabe la situación.

La identificación de la Iglesia con el Estado y viceversa quedaba en entredicho, tanto en cuanto, sacerdotes de Cataluña y País Vasco hacían público su malestar y su oposición al régimen.

El libro

Pere Ysàs acerca al lector los últimos años del franquismo desde una postura neutra, al menos lo más neutro posible que uno puede ser tratándose de una dictadura represiva. Intenta acercar la realidad al lector apoyándose en documentos reales no en banales opiniones.

No carga las tintas sobre Francisco Franco, algo que no me parece del todo correcto. Me explico. A lo largo de todo el libro habla del régimen franquista sin responsabilizar al propio Franco de nada. Es cierto que incluye citas textuales del dictador, pero siempre habla de represión, de violencia y de aspectos negativos de la época sin apuntar directamente con el dedo acusador al caudillo, sino dejando caer las culpas sobre el “régimen franquista” a modo de ente. En mi opinión debiera haber apunado en más de una ocasión directamente a Franco como máximo y todopoderoso responsable del régimen.

En cuanto al resto del contenido, me parece que hace un tratamiento fiel y correcto de la información y documentación que maneja y que posteriormente pone al servicio del propio lector. Se limita a interpretar la realidad, por lo cual, alguno podrá acusarle de sesgador y subjetivo, cuando no es así, sino que trasmite el sentir de un pueblo durante una época difícil sin caer en la burda opinión o en la sinrazón del sí porque sí.

Es un libro de fácil y rápida lectura que a uno le permite no quedarse simplemente en sus escasas doscientas páginas sino que puede hacer uso de toda la documentación que acompaña al ensayo en sí y que le permite también al lector corroborar todo cuanto está leyendo.

Además, utiliza un tipo de letra legible y cómoda y organiza los contenidos sin entrelazarlos y sin despistar al lector. Lleva un orden lógico, que no cronológico, y le permite a un situarse en cada capítulo en la época y en la clase social que trata.

Un libro de recomendable lectura que ayuda a comprender los últimos años de la dictadura franquista y le permite al lector hacerse una composición del lugar. Buena narrativa del autor que en ningún caso se hace pesada y, en definitiva, una manera cercana de hacer entender la historia y contextualizarla mejor que los libros de texto.

Y SI FUERON ELLOS…

Hoy es un buen día. Los informativos de mediodía daban la noticia: dos etarras “completamente opeativos” detenidos en el sur de Francia. Dónde, cómo o quién les haya detenido, poco importa. Dos energúmenos más que descansan en estos momentos en algún calabozo y que tardarán tiempo en ver a sus seres queridos.

Uno antes leía estas noticias con una sonrisa en la cara pero poco más. Sin embargo, desde el pasado jueves 30 de octubre uno se entera de la detención y piensa… ¿y si fueron ellos? Estos dos terroristas, a quienes podemos ver la cara en todos los informativos y mañana en la prensa escrita, pudieron estar hace poco en la Universidad de Navarra, y no estudiando precisamente. Estaban planeando robar un coche, quizá como el Peugeot blanco que explotó en el campus navarro. Miro detenidamente sus fotografías y no puedo más que creerme superior: primero por tener la vida como valor principal; segundo porque creo en la palabra como camino para todo fin; tercero porque no pudieron regocijarse con una posible matanza en la Universidad de Navarra; cuarto porque les han detenido… Y así podría seguir dando razones horas y horas. Que descansen entre rejas y reflexionen.

LA MALA SUERTE SE ASIENTA EN LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

00187465No salimos de una que nos metemos en otra. Hace una semana, a estas horas, nos lamentábamos por el atentado sufrido en la Universidad de Navarra, pero a su vez nos regocijábamos de que la veintena de heridos tan solo eran de carácter leve. La masacre de ETA se había quedado en daños materiales.

El Edificio Central es el edificio más bombardeado desde el final de la Guerra Civil, y mira que ha llovido desde entonces, las desgracias parece que no vienen solas. Ayer, en torno a las seis de la tarde, cerraban sus puertas. La razón, que el aire que se respiraba en su interior era tóxico. Había gente que estaba siendo ingresada en la Clínica Universitaria, un constante goteo que acabó por convertirse en avalancha. Más de 250 personas han ingresado con intoxicaciones respiratorias. Al parecer puede ser consecuencia del atentado de la semana pasada. Los gases provocados por la explosión mezclados con la baja toxicidad de la pintura y los productos que se están empleando para la reconstrucción de la parte afectada del edificio, han generado una nube tóxica. No ha salido a la luz porque estos gases nocivos se han ido almacenando encima del falso techo del edifico, y ayer comenzó a emanar.

Todavía se está investigando a fondo el asunto, pero por el momento y de manera preventiva, las actividades que se realizan dentro del Edificio Central (clases, gestiones, secretarías, etc.) han quedado suspendidas hasta la próxima semana. Desde aquí queremos desear una pronta recuperación a las 56 personas que hasta el momento continúan ingresadas. Esperemos que poco a poco se recupere la normalidad y que la suerte comience a sonreír este año que hasta el momento está sendo esquiva con la Universidad de Navarra.

DESCALIFICA2

A estas alturas poco o nada queda de la polémica surgida el pasado jueves con los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra en relación con la cobertura informativa del atentado. Asistentes al III Congreso de Nuevo Periodismo han asegurado que en cuanto el director de Prisa.com, Chus del Río, acusó a los estudiantes de Periodismo del campus navarro de pasividad, los asistentes a la “clase maestra” se le echaron al cuello. Nadie daba crédito a lo que oía, seguramente porque muchos de ellos el mismo jueves a la tarde ya podían leer y oír las colaboraciones de los estudiantes y profesores de FCOM.

No podemos considerar que la polémica esté viva porque simplemente ha sido erradicada a base de argumentos y demostraciones, por lo que algunos han tenido que agachar las orejas y rectificar. El propio Chus del Río ha asegurado que se le malinterpretó y que él se ceñía únicamente a los medios digitales y a su medio en concreto, pero que ahora reconocía el “trabajo excelente de los estudiantes de Comunicación el día del atentado”. Incluso ha llegado a pedir perdón a todos aquellos que se hayan podido sentir ofendidos por sus palabras. De sabios es rectificar y este gesto le honra, como le honra también haber dado la cara.

Claro que también ha dejado alguna joyita como que el grupo Prisa “no cobra por las colaboraciones de los usuarios a través del teléfono móvil (¿no?), simplemente porque con un puñado de euros no podemos ni pagar la banda ancha que cuesta subir la foto a la red”.

Todas esas declaraciones las ha hecho a un servidor este mismo mediodía con motivo de una práctica de Narrativa Radiofónica en torno a la polémica suscitada. No nos queda más que agradecerle su disposición y atención. Las cosas se van poniendo en su sitio. Y no es el único, con él Koro Castellano, Directora de Contenidos de Unidad Editorial ha quedado en entredicho. Quede claro que hablamos en todo momento de la acusación de pasividad, en ningún caso de otro ámbito. Y con ellos 2 quedan también ciertamente descalificados sus escueros Juan Varela y “Maty”.



LA BANDERÁ ONDEÓ EN LO MÁS ALTO

Y la bandera de la Universidad de Navarra ondeaba entre la lluvia, el viento y el frío. Presidía un día gris en Pamplona, un día de concentración, de repulsa y de silencio. Sólo preside el cielo en el campus los días que hay algo que festejar y el viernes era sin duda uno de esos días; o mejor dicho, era el día.  ETA ha querido desestabilizar la sociedad y la cultura, ha querido meter el miedo en el cuerpo de todos los universitarios de España y… ¡no lo han conseguido! Lo único que han logrado es que los futuros médicos que se forman en sus aulas se vean más capaces de curar a todos los heridos que puedan ocasionar; que los abogados se afanen por acabar sus estudios con el objetivo de meterles entre rejas en una cárcel levantada por arquiectos de la propia Universidad de Navarra. Y los periodistas ¿qué? No queda ningua duda de que han despertado las voaciones más profundas, como si el estallido del coche bomba haya sido la mecha que ha encendido el espíritu y la ilusión de quienes estudian en FCOM. ¿Y aún se creen que pueden con nosotros? Ahora la Uiversidad de Navarra es más importante que el jueves, ahora uno está más orgulloso de estudiar donde estduia, ahora uno tiene bien claro que nada ni nadie nos va a callar.

YO BAJABA A ESTUDIAR

Once en punto en el reloj. Apoyado en una mesa del pasillo de la Facultad de Comunicación leo el periódico; deformación profesional, supongo. ¡Bum! Levanto la vista de la página que estaba leyendo y salgo corriendo. Nunca antes había escuchado una bomba, siquiera una pequeña detonación de ningún tipo y, no sé por qué, pero sabía que era una bomba.

Saco el tarjetero del bolsillo y salgo junto a varios compañeros a través de los tornos de la entrada. Tras la puerta nos recibe una impresionante columna de intenso humo negro. Manos a la cabeza. Una compañera rompe a llorar y temblando todo su cuerpo intenta sacar el móvil y llamar a su madre. Trabaja en el Edificio Central, justo de donde sale el humo. Angustia.

La inercia del momento empuja a mis piernas a salir corriendo hacia el lugar de la explosión. Mientras corro saco el móvil para llamar a la radio en la que trabajo, estaba seguro de que era un atentado. Y tenía que contarlo. Mientras relato lo que está sucediendo me voy acercando más al coche-bomba. Un jardinero, con el semblante totalmente blanco, intenta impedir que nadie se acerque. Me mira, le miro, y me quedo quieto. Mejor no arriesgarse, estábamos a escasos diez metros de las llamas que salían de una veintena de vehículos afectados por el artefacto.

Intento llamar otra vez a la radio mientras sale la gente corriendo de los edificios colindantes. Manos a la boca, lágrimas en los ojos, carreras nerviosas. Ansiedad. Cristales rotos. Desconcierto. Llega un patrol de la Guardia Civil con dos agentes que miran lo sucedido y empiezan a pedir a la gente -que comenzaba a agolparse en el lugar- que se apartaran. No sabían si podía haber otra explosión.

Suenan las sirenas en toda la ciudad. Suenan los móviles en toda la Universidad. Llega un vehículo a toda prisa, se baja un joven alto y fuerte, con una placa en alto vociferando para que todos nos fuéramos del lugar. Se respira pánico, miedo…huele a tragedia. No funcionan los móviles.

En cuestión de minutos se agolpan los diferentes cuerpos policiales. Muchos no saben qué hacer. Algunos están paralizados, en estado de shock. Otros hablan por el teléfono contando lo sucedido. Muchos se meten en el edificio intentando cerrar los ojos a lo que había acontecido. ¿Todo aquello era real?

Me encuentro con un compañero de la prensa que se encontraba a la hora del atentado en el mismo Edificio Central. Sigo intentando hablar con la radio. No hay señal. Él lo sabe y me grita: “¡Pablo, si coges una llamada no la sueltes!” La llamada no entró.

Se calcina el edificio, los coches que estaban aparcados, los árboles que rodean el aparcamiento…La gente corre. Dispositivo de seguridad activado. Las llamas van ganando fuerza ante el temor de que alguien pudiera estar muy mal dentro. Gritos y más gritos. Indignación e insultos. No pueden ser personas quienes hayan hecho algo así. Acordonan la zona. Móviles en alto sacando fotos, vídeos o intentando coger cobertura. Caos controlado. Cae un cenicero metálico situado en la puerta del Edificio de Bibliotecas y la gente se sobresalta. El pánico hace presas. Más carreras y más fuego, el edifico se está calcinando. Poco puedo hacer ya en el lugar más que ver como se incinera todo lo que el fuego se encuentra. Saltan chispas blancas, están explotando los depósitos de los coches que se están quemando. Ya han llegado los bomberos.

Corro como alma en pena, pero no para salir del campus, sino hacia mi Facultad. Llueve mucho, hace frío. Llevo más de veinte minutos en manga corta pero me acabo de dar cuenta. Tengo que hablar con la radio.

Mi móvil no deja de vibrar con mensajes de llamadas que no pueden entrar. Son decenas las personas que están intentando ponerse en contacto conmigo, pero yo corro hasta la puerta de la Facultad de Comunicación. Mi cazadora está abandonada en el aula 5, justo la primera clase nada más entrar, de frente a la puerta. La puerta tiene todos los tornos abiertos, todo el mundo ha tenido que escapar, por si acaso. Junto a mi cazadora marrón un paraguas verde, libros, plumas, papeles, periódicos…ni un alma. En el pasillo la camarera de la cafetería, dos profesores y el bedel.

Los bedeles tienen junto a la puerta su puesto de trabajo que les separa del pasillo como si fuera una barra de bar. Me asomo por encima de la barra y cojo el teléfono, sin permiso. Tenía que llamar. El bedel me da su permiso sentenciando: “a móviles no deja llamar.” Llamo a la radio; me equivoco de número. Vuelvo a llamar y vuelvo a cometer el mismo error. Por fin acierto con el número tirando de memoria. Tengo poco tiempo para hablar porque debo salir fuera a ver qué pasa. Tan solo les digo que me llamen insistentemente al móvil, que alguna llamada entrará y entonces no la soltaré. Me informan que ya están bajando dos compañeros con la unidad móvil. Son las once y media.

Salgo abrigado pero sin capucha y sigue lloviendo. Me mojo pero no pienso en ello. Salgo e intento volver al lugar de la explosión, pero un agente de la Policía Nacional me lo impide. Me invita empujando la mano contra mi cuerpo a seguir a la masa. No protesto, sigo observando y me retiro. Me encuentro con un par de compañeros y les tranquilizo; no son de Pamplona y se encuentran desconcertados. No saben muy bien qué ha pasado, qué puede pasar. No pueden llamar a nadie, los móviles siguen sin funcionar. No saben qué hacer.

No me encuentro cómodo con la masa, necesito saber. Tengo que recabar algún dato, me tengo que enterar de algo, de lo que sea. Llegan los primeros compañeros de la televisión y les dejan pasar porque van a tomar imágenes. Intento colarme yo también bajo la cinta que ya maca el perímetro de seguridad. Intenta impedírmelo otro policía e intento convencerle de que en ese momento estaba trabajando, ya no era alumno ni víctima. No me cree y me pide el carné de prensa, si no me tengo que olvidar de pasar. Saco mi tarjetero con mis manos empapadas. Paso las tarjetas de inicio a fin y vuelvo. No tengo carné que me acredite oficialmente y el policía me agarra del brazo. Menos mal que llevo junto a mí un carné falso de prensa que nos hicimos los compañeros de una revista de barrio, y todo porque dos se iban a África y querían evitarse problemas identificándose como periodistas. Cuela y vuelvo a acercarme a menos de 50 metros de la explosión.

Siguen las llamas y en el edificio no queda ni un cristal entero. La fachada está negra y se entrevé el interior oscuro. Dicen que hay heridos, no me extraña. No funciona el móvil. Todos los inhibidores de frecuencia están activados. Se ilumina el lugar con las sirenas de las ambulancias, de los vehículos policiales y de los camiones de bomberos. Se hace el silencio, sólo se escuchan hierros caer, cristales desprenderse…y la agonía. ¿Hay muertos?

Están todos los edificios desalojados. Junto a la cinta menos de una decena de compañeros que somos desplazados de nuevo por la policía. Se amplía el perímetro de seguridad. Hay que salir del campus. Nos resistimos hasta que no nos queda otra. Nadie ha abierto la boca, cada uno ha recogido lo suyo y nos distanciamos a través de la hierba hasta el edifico rojo de derecho. Nos colocamos y nos vuelven a echar. Aparece el Decano de la Facultad de Derecho. Quiere hablar. Mis compañeros no han llegado y no tengo grabadora. Saco el móvil que sigue recibiendo mensajes, y no lo puedo usar para llamar, pero sí para grabar. Tengo poca memoria pero espero que me llegue.

Entre los nervios y el desconcierto el Decano habla ya de perdón. Son las doce menos cuarto. Yo tengo sus declaraciones. Uso el móvil para mandar mensajes a los míos y tranquilizarlos, no dejaban de llamar y no daba ninguna señal. Aborté su preocupación con varios mensajes concisos y muy claros: “sólo susto. Estoy bien.”Los universitarios ya están en el barrio de Iturrama, justo encima del campus, alejados de todo peligro. La policía nos quiere llevar hasta allá. Nadie hace caso. Nos amenazan con sancionarnos si no obedecemos. Primeras sonrisas de la mañana.

Ya son quince los heridos confirmados. Nada sabemos de su estado. El denso humo negro se había tornado en blanquecino por los productos usados por los bomberos. Comenzaba a confundirse la columna blanquecina con el grisáceo cielo que encapota Pamplona. Sigue lloviendo.

Llegan los compañeros y se va el horror. Son ya 17 heridos, pero todos leves. Alivio profundo. Lo que tenía que pasar, ya ha pasado. Van a dar las doce y comienza el trajín informativo; hay que entrar en directo en los boletines nacionales y después hacer el programa local in situ. Uno no se ve como víctima, sino que intenta contar a través de las ondas lo que ha observado, las sensaciones, los sentimientos… lo vivido.

Llegan buenas noticias. Ha sido un milagro. Son miles los estudiantes que en el momento de la explosión se encontraban cerca del coche bomba. Y hoy nadie había pasado a esa hora de un edifico a otro; nadie estaba buscando un hueco para dejar el vehículo; nadie iba a coger nada a su coche; nadie dialogaba junto al aparcamiento. Son estampas que se repiten día sí y día también. Menos el jueves. Quizá porque llovía; quizá fue la fortuna; quizá fue el destino; quizá fue Dios…

El campus estaba vacío, sólo quedaba la policía y los bomberos.

Empapado, orgulloso, enojado, frustrado… era hora de dejar atrás la Universidad. Menuda mañana. Ganas de llegar a casa y contar todo, de abrazar a los tuyos. Había sido verdad, una bomba había explotado en la universidad, pero todos estábamos bien. Ducha caliente y la cabeza comienza a dar vueltas sola. Podía haber estado ahí aparcando mi coche a las once. O simplemente pasando a hacer alguna gestión. Los milagros existen.

Uno vuelve a tomar su cartera de estudios por la mañana y se dirige de nuevo a su Facultad con una extraña sensación invadiendo su cuerpo. Parecía un día más pero no lo era. Normalidad relativa, alegría de ver a todos los compañeros. Sonrisas, besos y abrazos. Funcionan los móviles. Los medios de comunicación abarrotan los pasillos en busca de testimonios. Ilusión por seguir estudiando Periodismo. Dos horas por delante de “Periodismo Especializado”. El profesor empieza la clase en euskera; nunca antes lo había hecho. No nos van a callar. No van a dinamitar la razón.

Nosotros hemos bajado todos a la uniersidad mostrando una reacción cívica, ataviados con nuestras valiosas armas de cada día: los libros, papeles en blanco, los bolígrafos y la palabra.