NOBAI

Los partidos nacionalistas están montando el circo en Navarra. PNV, Aralar y EA llevan meses mareando la perdiz, intercambiando declaraciones y puñales públicamente, coqueteando y especulando con Batasuna, discutiendo Barkos sí o no, Zabaleta sí o no.

Nafarroa Bai es un verdadero despropósito, menos mal que nunca gobernarán Navarra. Mantienen una pelea interna por la poltrona que les está perjudicando internamente y están generando una imagen de desgobierno y, lo que aún es más grave, una sensación de desconfianza absoluta.

La penúltima función la está protagonizando EA. Maiorga Ramírez y los suyos anunciaron el martes que el viernes iban a firmar su renovación en Nabai. La decisión estaba tomada. Llegó el viernes y no se presentaron. Entre medio un ultimátum de sus socios para que rompa los pactos alcanzados con la izquierda abertzale ilegalizada en Navarra.

Un conglomerado político que trata de entenderse difícilmente en la Comunidad foral y que en el País Vasco hacen la guerra cada uno por su cuenta. Seamos francos, no son alternativa de nada. Y menos si siguen haciendo así las cosas.

Han perdido su identidad, si es que alguna vez la han tenido, y está claro que han virado hacia el nacionalismo radical, que Navarra les importa más bien poco más allá de intentar meter el euskera con embudo en todos los ámbitos de la sociedad navarra, politizando ellos también con la cultura del idioma, intentar que la ETB se vea sin problemas, dar subvenciones a todas las entidades cercanas y posibilitar un acercamiento al País Vasco con el sueño de su mal considerada Euskal Herria.

Veremos que pasa con EA, Batasuna y compañía, pero desde aquí hasta mayo estoy seguro que la cuerda se va a seguir tensando, que el reparto de sillones va a levantar suspicacias y va a provocar polémicas. Tiempo al tiempo.

Va a suceder

Comienza la semana de. No hablamos del clásico –uno más- de la liga, ni del próximo directo de Julián Muñoz en “Dónde estás corazón”. Ni siquiera hablamos del final de la crisis o la extinción de la gripe porcina, rebautizada como gripe A. Hablamos de la semana de la ilusión y del sueño. Más de dos millones de personas están implicadas. Grandes, pequeños, gordos y flacos. Podemos estar hablando de un cambio radical, una novedad que, como tal, nadie sabe cómo irá ni cómo acabará. ¿Acabará? La empresa no ha sido fácil, una nación entera, de una u otra manera, había detrás; y sigue estando. Los medios han desempolvado las lupas con las que le examinarán. Hay quien saca las uñas y afila los cuchillos. Esto va a empezar. La cuenta atrás está activada, queda un día para el gran momento. “Haz que suceda”, rezaba el eslogan, y está a punto de pasar. Va a suceder. El socialista Patxi López va a ser investido como nuevo Lehendakari, empujando de la poltrona a Juan José Ibarretxe y su PNV. La cuestión no es tontería, el PNV manda en Euskadi desde los inicios de la democracia. Hasta mañana. Los socialistas no fueron los más votados, pero han sabido jugar la partida, y pueden ganar el órdago a grande sin reyes. El PNV tuvo la posibilidad de renunciar caballerosamente a la lehendakaritza, pero ha preferido el ataque y derribo vacío de argumentación y centrándose en banalidades como que no puede haber una presidenta del Parlamento que no hable euskera o que van a fracasar porque sí, porque sólo el PNV comprende la idiosincrasia del pueblo vasco; nadie más. Si querían seguir al frente de su Euskadi, ¿por qué no renunciaron a toda expresión de violencia? ¿Por qué no decir basta ya a la izquierda abertzale? ¿Por qué no poder pensar más en todos –sí todos- sus ciudadanos? El castigo llegó en las urnas. No lo hizo en forma de descenso del PNV –pasaron de 29 a 30 escaños-, sino en forma de apoyo al resto de formaciones políticas rivales, caso del PSE, que creció 7 escaños y PP que subió en 2, aprovechándose del descalabro de EA y el descenso de IU junto a la desaparición de las papeletas de PCTV. Y con las cartas repartidas Patxi López cortó el mus. El terrorismo es un hándicap que juega en contra de los nacionalistas y que se ha convertido en la piedra angular socialista, además de la transparencia de la televisión autonómica y el respeto a los límites de la Comunidad Foral de Navarra, entre otros temas de enorme calado y trascendencia. Ha sabido llegar a acuerdos básicos con el PP que, a la postre, les ha dado el Parlamento Vasco. La duda es evidente: ¿Se van a tirar los trastos en Madrid y besarse en Vitoria? ¿Va a fracasar el entendimiento entre socialistas y populares? ¿Aguantarán la presión nacionalista? Quedan, en principio, cuatro años por delante para comprobarlo.