OPOSICIONING

El terreno político se presenta rocoso en el Estado español. Somos un país sin igual: terrorismo, sentimientos nacionalistas, nación de naciones…y oposición. Es sin duda la clave de la democracia moderna nacional y la debemos analizar desde nuestra posición apolítica y preocupación social. En un sistema democrático como el actual, el poder recae en los ciudadanos, quienes elegimos a unos representantes para que velen por nuestro bien, pero en ocasiones se obcecan con la idea de la victoria electoral y descuidan su obligación de preservar nuestros intereses. Es fácilmente entendible con un ejemplo clarificador. En el supuesto de que nuestro pueblo esté atravesado por un caudaloso río, se antoja necesaria la construcción de un puente para poder salvar este obstáculo natural. Obvio. Pues en España parece no ser así. Si el puente es mandado construir por el partido que tiene mayoría en ese ayuntamiento, demos por seguro que el partido que se sienta en las butacas de la oposición se negará, por el simple hecho de no haber sido ellos quienes expresaran la idea y de negarse a contentar al partido contrario y rival. Ese es el quid de la cuestión, la absurda relación que se empeñan en dar entre oposición y rivalidad. No tiene nada que ver. Los representantes políticos deben olvidarse de inútiles rivalidades entre sí. Este partido lo juegan con la misma camiseta, por lo que un logro de unos es un logro de todos. En España se da la oposición como un deporte, como una afición, y no como un deber social. Además es un deporte de alto riesgo, pues oponerse a todo va en contra de la sociedad en general, así que a lo mejor hay que añadir en la lista de deportes como puenting, rafting, o surfing el “oposicioning”. Ojalá tomen nota nuestros gobernantes y dejen de hacerse oposición un día sí y otro también, porque en un momento como el actual deben trabajar todos los grupos políticos juntos, independientemente de sus ideologías, y luchar por el bienestar general y por el bien social. ¿Utópico? En sus manos está que podamos encontrarnos en un momento histórico o no, y una de las mayores trabas es la oposición entre los dos partidos más votados del país. Oposición por oposición, no. Que se dejen de pamplinas y se olviden de las urnas, que dejen de prostituirse políticamente por un puñado de votos, y que no olviden que son representantes del pueblo, por y para el mismo.

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