Generación Ni-Ni

Los chicos de los ochenta en adelante, esos jóvenes que ahora soplan como mucho treinta velas sobre la tarta, son muchas veces la diana de las críticas sociales y políticas. Una generación, dicen, sobradamente preparada que ahora en vez de coger el toro por los cuernos llora en las colas del INEM  e imprime sus pesados currículos cargados de carreras, másteres e idiomas con más pena que gloria.

Los adolescentes y jóvenes de hoy en día han sido catalogados con la etiqueta Ni-Ni, ni estudian ni trabajan. Yo prefiero hablar de la “otra” generación Ni-NI, ni desisten ni tiran la toalla. Son decenas de miles de jóvenes que se están ganando la vida en todos los lugares del país, que viven de la ambición y el trabajo, que se ilusionan, se atreven, arriesgan y emprenden. Jóvenes que, bajo la lluvia de la crisis, intentan dibujar el futuro de España.

Ahora hablan de que no recuperaremos la normalidad hasta dentro de cinco años, y como si fuéramos un deportista lesionado, la generación mejor preparada del país aboga por arrimar el hombro e intentar acortar los plazos de recuperación para saltar de nuevo al parqué.

Es una generación que, además de animarla a seguir levantando el país, hay que mimarla. De nada sirve formarlos y posteriormente “regalarlos” a otros países. No son pocos los españoles que tienen que saltar las fronteras para poder desarrollar su labor profesional porque en España, el Gobierno, acota y pone muros.

Quizá haya que enfocar bien las subvenciones y apostar de una vez por todas por el I+D+I. Hay que controlar más las ayudas, las becas y canalizarlas para dar oportunidades a quien realmente se las merece, y no meter en un mismo saco a todos los universitarios que, por vocación, casualidad u obligación acaban en la misma aula. Oportunidades para todos sí, pero para todos los que las merezcan.