¡POBRE MOBILIARIO URBANO!

Cuánto tiene que sufrir todos los años por culpa de conductas incívicas de los ciudadanos de a pie. Y es algo que nunca he entendido ni entenderé, porque lo pagamos todos con nuestros impuestos. Parece que está de moda destrozar papeleras, farolas o los jardines de la ciudad. Muchos echan la culpa a los más jóvenes y no les falta razón. Es salir de fiesta y beber dos copas y la gente cambia de una manera asombrosa. Como si en su día a día vivieran reprimidos por algo o por alguien se dedican a desahogarse dando buena cuenta de cuanto se pone en su camino y no tengan que abonarlo de sus propios bolsillos, claro está, porque es eso lo que realmente les duele. Y no sólo se conforman con lo que pagamos todos sino que atentan contra bienes privados, sobre todo contra los vehículos estacionados. Decenas son los retrovisores arrancados a patadas o a golpes cada noche festiva. Incluso se atreven a quemar telefonillos o a destrozar cristales de los portales, sin entrar a valorar donde orinan o defecan. Indignante. No sé qué gracia le ven a todo esto. Seguramente, si algún día se encuentran ellos su coche con el capó pisoteado por algún gracioso, con la luna rota, los limpias doblados o sin retrovisor, en ese momento se darán cuenta de lo que duele, sobre todo a la altura de la cartera. ¡Ya está bien! Si es que a veces deben de estar horas trabajando para arrancar pivotes de piedra del suelo, o para arrastrar pesadas vallas o piedras de alguna obra cercana. Y luego serán los más vagos de sus casas. No sé de quién es la culpa, si de la educación de cada casa o de la sociedad, pero sin ninguna duda, hay que acabar con estas conductas ya. Y los cuerpos de seguridad del estado se ven superados todos los fines de semana con esta clase de comportamientos. Un poco más de civismo es lo que hace falta hoy en día, un poco más de responsabilidad, un poco más de cultura. Que esto nos está costando una millonada a todos con nuestros impuestos, y son gastos que se pueden y se deben evitar. A ver si en este año que entra las cosas cambian…