¿Es la relevancia –el interés- un criterio relativo? Si lo es, relativo a qué.

Ciñéndonos en los medios de comunicación, no cabe duda que el interés es un criterio relativo. No hay más que cerciorarse que uno de los debates más en boga es el de la tele basura. Unos defienden su interés y otros rechazan sus contenidos por soeces y poco interesantes. Como diría aquél, para gustos están los colores. Y los contenidos de los medios, añadiría yo. No es cuestión de cerrar la reflexión en la televisión, porque pasa en todos los soportes. ¿Qué es interesante? Sería lo primero que debemos plantearnos. Sin querer entrar en un análisis profundo, podemos decir que interesante es aquello que llama la atención del público general. Evidentemente que un programa sobre la pesca de bajura será el deleite de todos los que amen el arte de la caña, pero será escasamente o nada interesante para la mayoría de la población. De la misma manera que se agrupan los temas de mayor interés en secciones de los periódicos, se desarrollan distintos programas radiofónicos y televisivos de dispares contenidos. Sin duda que el interés se mide por dos factores: la audiencia y la rentabilidad empresarial. “Gran Hermano”, atendiendo a estos factores, es más interesante que “Saber y Ganar”. En radio, “El Tirachinas” es más interesante que “El Monaguillo”. En prensa, es más interesante el “Marca” que “Expansión”. Podemos rechazar ciertos programas por su calidad. Qué duda cabe que programas del corte de “¿Dónde estás corazón?” o “¿Qué te cuentas?”, o publicaciones como “Super Pop” son rechazables porque sus contenidos son paupérrimos en calidad e incluso en ellos no trabajan profesionales sino personajillos de la farándula u otra clase de personas de escasa preparación profesional. Por eso los medios van perdiendo en credibilidad y respaldo por parte del público general, y las empresas de comunicación van encaminándose hacia el circo mediático. Pero interesante es un concepto abstracto que la única manera de objetivizarlo es a través de cifras, porque de otra manera el tinglado actual correría serio peligro de tocar fondo y dar paso por fin a contenidos de calidad, serios a la hora de trabajar, interesantes y completamente dignos y respetuosos. Podía ahora criticar durante horas a los trepas que sin formación alguna se erigen como eruditos comunicadores cuando su currículum no refleja más que una canilla al aire con alguna tonadillera o su paso por un programa deleznable donde viven rodeados de cámaras. O podría meterme con la mal llamado “prensa rosa”, que tiene lo mismo de periodismo que de digno y cuidado, que me quito el sombrero por quienes sí son profesionales de la comunicación y se dedican al ´rosismo´ porque tienen que comer. Pero al parecer todo cabe, porque para gustos están los colores…