#periodistas20NAV

jus jus ;o) RT @jurtasun el #periodismo navarro ha salido de ... on Twitpic Me encanta darme cuenta que hay decenas de periodistas con los que comparto inquietudes. Gente dispuesta a trabajar con un objetivo común: la vocación periodística. Quizá en Navarra somos un gremio que adolece de prestigio, que no acaban de ser referencia social y que, principalmente, carecen de cierta visibilidad. Al fin y al cabo, se trata de comunicar.

La iniciativa #periodistas20NAV nace de dos cabezas inquietas, “el contenedor@Rafa_aguilera y el “ilustra blogs@FernandoUrra. Y unos cuantos compañeros nos hemos enrolado en la aventura. Lo único que se pretende es emplear las nuevas herramientas que están a nuestro servicio para conseguir cierto cooperativismo, para colaborar los unos con los otros, para aprender de los demás, para compartir artículos, experiencias, contenidos, métodos…

La mayoría son profesionales con una dilatada trayectoria, a un servidor @FernandoUrra lo ha bautizado como “Baby Berraondo”, aunque estoy seguro que en las próximas fechas muchos recién licenciados que ya están en la rueda de los medios se subirán a esta iniciativa.

Ya tenemos primera jornada de trabajo, el viernes 19 de noviembre. Arrancamos aprendiendo un poco más de las entrañas de la red, con la herramienta Delicious como una de las primeras tareas a interiorizar.

El calificativo 2.0 no debería ligarse ya a la profesión de periodista como algo a destacar. En los tiempos que corren un periodista es, y debe ser, absolutamente 2.0. Para ello no hace falta que mantenga tres blogs y tenga cuentas en twitter, facebook, tuenti, delicious,y un sin fin de redes sociales, simplemente todo periodista debe usar las herramientas de la red para mejorar su trabajo. Quede claro que no hablamos del nuevo periodista-google, que es capaz de generar contenidos con una conexión a Internet y con un teléfono. El Periodismo sigue siendo de calle.

La iniciativa promete. Ya ha comenzado a rodar y no se puede parar. Sabemos cómo hemos empezado, no tenemos ni idea de cómo puede acabar. A partir de ahora ver el hashtag #periodistas20NAV va a ser habitual en las redes sociales. ¿Te vienes?

Congreso de Periodismo Digital

Va a ser un traslado provisional. Desde esta noche y hasta el viernes me voy a centrar en la cobertura del “X Congreso Nacional de Periodismo Digital” que se va a celebrar en Huesca los días doce y trece de este mes. No te lo puedes perder, toda la información está en Periodismodigitalytal. ¡Descúbrenos!

“INTERNET MÁS QUE UN MEDIO ES UN CAMBIO CULTURAL”

DixiMedia es un nuevo grupo de comunicación que ya está entre nosotros. Dos proyectos en el aire, la Pacticopedia y el blog 233 grados, y muchas ideas esperando ver la luz. Quieren innovar y romper el mercado, todo por el bien de los usuarios. Vanesa Jiménez, Directora de Contenidos de DixiMedia, tiene muy claro cuál es el camino a seguir. Internet es el presente y el futuro.

Acaban de aterrizar con este nuevo proyecto y su bitácora, 233grados.com, ya es el mejor blog periodístico del año, y eso que nació hace seis meses.

El concurso se celebró en Sevilla y fuimos porque nos apetecía, no pensábamos que nos fueran a premiar; pero estamos muy contentos. El blog tiene una audiencia pequeñita, pero empieza a tener vida. Entra gente que nos interesa mucho y a veces conseguimos abrir algunos debates interesantes para la profesión.

El presente y el futuro de la comunicación se centran en Internet. ¿Se está creando el perfil del periodista exclusivamente digital?

Un periodista es periodista siempre. Cada uno vale para lo que vale, tampoco es cierto que todo el mundo sea capaz de hacer de todo. El tipo de profesión que desempeñas trabajando en Internet te da la posibilidad de aprender muchas formas porque al final controlas todos los formatos: haces tele, haces radio y escribes, pero al final hay algo que cada uno hace mejor. Todos tenemos una virtud y tienes que intentar buscar esa virtud especial y diferente.

Los medios convencionales tendrán que actualizarse aprendiendo de las formas de trabajar de los medios exclusivamente digitales.

Internet es más que un medio de comunicación, es un cambio cultural vital y estructural en la forma de vida y de relacionarse. Todavía no somos conscientes porque es muy reciente y no lo hemos asimilado. Cuando estás dentro te das cuenta de su complejidad y va mucho más allá que una plataforma de publicación.

No cabe duda, los hábitos están cambiando.

El problema es que los cambios de hábitos se modifican y trasladan constantemente. La gente no consume la información como la consumía antes. La gente llega a su casa, pone la tele, pero tiene el portátil encima. Consume muchas cosas, en el portátil tiene abiertas hasta cinco ventanas. Probablemente, lo que esté pasando es que los cambios de hábitos de la audiencia de un canal determinado están dando una lección a los medios, en parte porque es una audiencia más afín.

¿Y los hábitos informativos?

Los medios de comunicación antes eran la distancia, lo que alguien tardaba en servir la información. En el momento en el que la información se da a la hora en que pasa, tan inmediato, y la audiencia da por hecho que lo tienes que tener, tú tienes que replantearte cómo lo haces.

Sin duda que los medios impresos, por distintas razones, están en crisis.

El problema además de los medios escritos es que el modelo convencional de negocio tiene décadas, un siglo entero de modelos de negocio que apenas han cambiado. Siempre han sido empresas donde se ha ganado muchísimo dinero y han sido muy importantes en el entramado social. Internet abre una posibilidad, un canal distinto pero que además lleva las noticias a la gente en el momento y como quiere. Las cosas están cambiando más allá, y no es tanto qué tienen que cambiar o aprender los medios convencionales. Internet es el argumento principal en el que ha habido un cambio fundamental de concepto de la vida. Probablemente los periódicos no vayan a ser lo que son ahora mismo. El coste de distribución ahora es absurdo. Es complicado, tampoco entro en el debate de si los periódicos van a morir, es algo más estructural del mundo, va más allá de la comunicación.

Ahora hay una forma de vida diferente.

La gente se va acomodando y la comunicación tiene que acomodarse también, pero las historias hay que contarlas de la misma forma. Los periodistas tienen que seguir siendo periodistas, tiene que tener un compromiso con la verdad, y eso no lo vamos a perder. Ahora estamos debatiendo cómo hacer que esas historias lleguen de una manera mejor a la audiencia, que es muy selectiva. La audiencia ha cambiado, es infiel por naturaleza porque puede irse a cualquier medio, saltar de un sitio a otro…

Para retener a la audiencia van a sorprender al sector remunerando las colaboraciones de los lectores en vuestro medio, compartiendo los ingresos publicitarios.

Lo vamos a intentar hacer con todas las cosas que hagamos. Estamos convencidos que para que la gente participe y quiera publicar en nuestro sitio tenemos que hacer algo atractivo, pero el trabajo cuesta. Nadie es lo suficiente para que quieran publicar en su medio. Las cosas tienen que pagarse o premiarse. Otra forma de pago es publicar las noticias de los usuarios en el medio.

Ahora cualquiera puede publicar.

Nadie tiene el monopolio de publicación. Durante mucho tiempo, los que tenían el dinero y el control de los medios controlaban la profesión, porque las plataformas estaban delimitadas. Para poder contar una historia necesitabas una plataforma, pero ahora con Internet está abierta.

¿Cómo controlar y canalizar la participación?

Internet comienza a ser una plataforma y un medio sólido, empieza a autocontrolarse. La red se ha ido poco a poco controlando. Hay asiduos a determinados sitios y que premian o penalizan a quien se comporta mal. Empieza a haber unas reglas de juego que están muy bien porque además son libres, no son impuestas por los medios. Ahora en el blog no tenemos sistemas de control y en seis meses sólo he borrado un comentario y porque era spam. La gente entra de verdad, porque les interesa, y eso tiene mucho valor.

Otra novedad importante es que van a dejar de lado los celos empresariales y van a enlazar en sus publicaciones noticias de otros medios, incluso de la competencia.

Creemos en el periodismo de enlaces. Es una forma muy honesta de ejercer esta profesión porque puedes tener muy buenas historias y las compartes sin ningún problema. Hasta ahora Internet era muy propicio para volcar y copiar acogiéndose al derecho de cita. Con esto se acaba. Te tienes que centrar en tus apuestas informativas, y como eres incapaz de hacerlo todo, y como hay gente que también lo está haciendo muy bien, lo enlazas. No tenemos ningún problema en enlazar, porque si lo haces bien la gente entra porque les das todas las fuentes de una manera organizada.

¿A quién pretenden llegar?

A los más jóvenes. En Internet la audiencia se duplica por los medios. Hay que sumar toda la gente que podamos. Si conseguimos atraer a esta gente joven que no se ha sentido atraído antes por ningún medio convencional, estamos contentos Necesitamos tráfico porque tenemos que ser un negocio.

¿Cuál es el objetivo a corto plazo?

El objetivo sería ese, que si conseguimos sumar desmontaríamos muchos mitos que ya tengo ganas de desmontar. En Internet se puede hacer un buen periodismo. Entre todos tenemos que ayudar a que se nos respete de una vez por todas con el mismo nivel que se respeta a los periodistas de otros medios convencionales.

Texto: Pablo Berraondo

Leyre Hualde

DESCALIFICA2

A estas alturas poco o nada queda de la polémica surgida el pasado jueves con los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra en relación con la cobertura informativa del atentado. Asistentes al III Congreso de Nuevo Periodismo han asegurado que en cuanto el director de Prisa.com, Chus del Río, acusó a los estudiantes de Periodismo del campus navarro de pasividad, los asistentes a la “clase maestra” se le echaron al cuello. Nadie daba crédito a lo que oía, seguramente porque muchos de ellos el mismo jueves a la tarde ya podían leer y oír las colaboraciones de los estudiantes y profesores de FCOM.

No podemos considerar que la polémica esté viva porque simplemente ha sido erradicada a base de argumentos y demostraciones, por lo que algunos han tenido que agachar las orejas y rectificar. El propio Chus del Río ha asegurado que se le malinterpretó y que él se ceñía únicamente a los medios digitales y a su medio en concreto, pero que ahora reconocía el “trabajo excelente de los estudiantes de Comunicación el día del atentado”. Incluso ha llegado a pedir perdón a todos aquellos que se hayan podido sentir ofendidos por sus palabras. De sabios es rectificar y este gesto le honra, como le honra también haber dado la cara.

Claro que también ha dejado alguna joyita como que el grupo Prisa “no cobra por las colaboraciones de los usuarios a través del teléfono móvil (¿no?), simplemente porque con un puñado de euros no podemos ni pagar la banda ancha que cuesta subir la foto a la red”.

Todas esas declaraciones las ha hecho a un servidor este mismo mediodía con motivo de una práctica de Narrativa Radiofónica en torno a la polémica suscitada. No nos queda más que agradecerle su disposición y atención. Las cosas se van poniendo en su sitio. Y no es el único, con él Koro Castellano, Directora de Contenidos de Unidad Editorial ha quedado en entredicho. Quede claro que hablamos en todo momento de la acusación de pasividad, en ningún caso de otro ámbito. Y con ellos 2 quedan también ciertamente descalificados sus escueros Juan Varela y “Maty”.



LA BANDERÁ ONDEÓ EN LO MÁS ALTO

Y la bandera de la Universidad de Navarra ondeaba entre la lluvia, el viento y el frío. Presidía un día gris en Pamplona, un día de concentración, de repulsa y de silencio. Sólo preside el cielo en el campus los días que hay algo que festejar y el viernes era sin duda uno de esos días; o mejor dicho, era el día.  ETA ha querido desestabilizar la sociedad y la cultura, ha querido meter el miedo en el cuerpo de todos los universitarios de España y… ¡no lo han conseguido! Lo único que han logrado es que los futuros médicos que se forman en sus aulas se vean más capaces de curar a todos los heridos que puedan ocasionar; que los abogados se afanen por acabar sus estudios con el objetivo de meterles entre rejas en una cárcel levantada por arquiectos de la propia Universidad de Navarra. Y los periodistas ¿qué? No queda ningua duda de que han despertado las voaciones más profundas, como si el estallido del coche bomba haya sido la mecha que ha encendido el espíritu y la ilusión de quienes estudian en FCOM. ¿Y aún se creen que pueden con nosotros? Ahora la Uiversidad de Navarra es más importante que el jueves, ahora uno está más orgulloso de estudiar donde estduia, ahora uno tiene bien claro que nada ni nadie nos va a callar.

YO BAJABA A ESTUDIAR

Once en punto en el reloj. Apoyado en una mesa del pasillo de la Facultad de Comunicación leo el periódico; deformación profesional, supongo. ¡Bum! Levanto la vista de la página que estaba leyendo y salgo corriendo. Nunca antes había escuchado una bomba, siquiera una pequeña detonación de ningún tipo y, no sé por qué, pero sabía que era una bomba.

Saco el tarjetero del bolsillo y salgo junto a varios compañeros a través de los tornos de la entrada. Tras la puerta nos recibe una impresionante columna de intenso humo negro. Manos a la cabeza. Una compañera rompe a llorar y temblando todo su cuerpo intenta sacar el móvil y llamar a su madre. Trabaja en el Edificio Central, justo de donde sale el humo. Angustia.

La inercia del momento empuja a mis piernas a salir corriendo hacia el lugar de la explosión. Mientras corro saco el móvil para llamar a la radio en la que trabajo, estaba seguro de que era un atentado. Y tenía que contarlo. Mientras relato lo que está sucediendo me voy acercando más al coche-bomba. Un jardinero, con el semblante totalmente blanco, intenta impedir que nadie se acerque. Me mira, le miro, y me quedo quieto. Mejor no arriesgarse, estábamos a escasos diez metros de las llamas que salían de una veintena de vehículos afectados por el artefacto.

Intento llamar otra vez a la radio mientras sale la gente corriendo de los edificios colindantes. Manos a la boca, lágrimas en los ojos, carreras nerviosas. Ansiedad. Cristales rotos. Desconcierto. Llega un patrol de la Guardia Civil con dos agentes que miran lo sucedido y empiezan a pedir a la gente -que comenzaba a agolparse en el lugar- que se apartaran. No sabían si podía haber otra explosión.

Suenan las sirenas en toda la ciudad. Suenan los móviles en toda la Universidad. Llega un vehículo a toda prisa, se baja un joven alto y fuerte, con una placa en alto vociferando para que todos nos fuéramos del lugar. Se respira pánico, miedo…huele a tragedia. No funcionan los móviles.

En cuestión de minutos se agolpan los diferentes cuerpos policiales. Muchos no saben qué hacer. Algunos están paralizados, en estado de shock. Otros hablan por el teléfono contando lo sucedido. Muchos se meten en el edificio intentando cerrar los ojos a lo que había acontecido. ¿Todo aquello era real?

Me encuentro con un compañero de la prensa que se encontraba a la hora del atentado en el mismo Edificio Central. Sigo intentando hablar con la radio. No hay señal. Él lo sabe y me grita: “¡Pablo, si coges una llamada no la sueltes!” La llamada no entró.

Se calcina el edificio, los coches que estaban aparcados, los árboles que rodean el aparcamiento…La gente corre. Dispositivo de seguridad activado. Las llamas van ganando fuerza ante el temor de que alguien pudiera estar muy mal dentro. Gritos y más gritos. Indignación e insultos. No pueden ser personas quienes hayan hecho algo así. Acordonan la zona. Móviles en alto sacando fotos, vídeos o intentando coger cobertura. Caos controlado. Cae un cenicero metálico situado en la puerta del Edificio de Bibliotecas y la gente se sobresalta. El pánico hace presas. Más carreras y más fuego, el edifico se está calcinando. Poco puedo hacer ya en el lugar más que ver como se incinera todo lo que el fuego se encuentra. Saltan chispas blancas, están explotando los depósitos de los coches que se están quemando. Ya han llegado los bomberos.

Corro como alma en pena, pero no para salir del campus, sino hacia mi Facultad. Llueve mucho, hace frío. Llevo más de veinte minutos en manga corta pero me acabo de dar cuenta. Tengo que hablar con la radio.

Mi móvil no deja de vibrar con mensajes de llamadas que no pueden entrar. Son decenas las personas que están intentando ponerse en contacto conmigo, pero yo corro hasta la puerta de la Facultad de Comunicación. Mi cazadora está abandonada en el aula 5, justo la primera clase nada más entrar, de frente a la puerta. La puerta tiene todos los tornos abiertos, todo el mundo ha tenido que escapar, por si acaso. Junto a mi cazadora marrón un paraguas verde, libros, plumas, papeles, periódicos…ni un alma. En el pasillo la camarera de la cafetería, dos profesores y el bedel.

Los bedeles tienen junto a la puerta su puesto de trabajo que les separa del pasillo como si fuera una barra de bar. Me asomo por encima de la barra y cojo el teléfono, sin permiso. Tenía que llamar. El bedel me da su permiso sentenciando: “a móviles no deja llamar.” Llamo a la radio; me equivoco de número. Vuelvo a llamar y vuelvo a cometer el mismo error. Por fin acierto con el número tirando de memoria. Tengo poco tiempo para hablar porque debo salir fuera a ver qué pasa. Tan solo les digo que me llamen insistentemente al móvil, que alguna llamada entrará y entonces no la soltaré. Me informan que ya están bajando dos compañeros con la unidad móvil. Son las once y media.

Salgo abrigado pero sin capucha y sigue lloviendo. Me mojo pero no pienso en ello. Salgo e intento volver al lugar de la explosión, pero un agente de la Policía Nacional me lo impide. Me invita empujando la mano contra mi cuerpo a seguir a la masa. No protesto, sigo observando y me retiro. Me encuentro con un par de compañeros y les tranquilizo; no son de Pamplona y se encuentran desconcertados. No saben muy bien qué ha pasado, qué puede pasar. No pueden llamar a nadie, los móviles siguen sin funcionar. No saben qué hacer.

No me encuentro cómodo con la masa, necesito saber. Tengo que recabar algún dato, me tengo que enterar de algo, de lo que sea. Llegan los primeros compañeros de la televisión y les dejan pasar porque van a tomar imágenes. Intento colarme yo también bajo la cinta que ya maca el perímetro de seguridad. Intenta impedírmelo otro policía e intento convencerle de que en ese momento estaba trabajando, ya no era alumno ni víctima. No me cree y me pide el carné de prensa, si no me tengo que olvidar de pasar. Saco mi tarjetero con mis manos empapadas. Paso las tarjetas de inicio a fin y vuelvo. No tengo carné que me acredite oficialmente y el policía me agarra del brazo. Menos mal que llevo junto a mí un carné falso de prensa que nos hicimos los compañeros de una revista de barrio, y todo porque dos se iban a África y querían evitarse problemas identificándose como periodistas. Cuela y vuelvo a acercarme a menos de 50 metros de la explosión.

Siguen las llamas y en el edificio no queda ni un cristal entero. La fachada está negra y se entrevé el interior oscuro. Dicen que hay heridos, no me extraña. No funciona el móvil. Todos los inhibidores de frecuencia están activados. Se ilumina el lugar con las sirenas de las ambulancias, de los vehículos policiales y de los camiones de bomberos. Se hace el silencio, sólo se escuchan hierros caer, cristales desprenderse…y la agonía. ¿Hay muertos?

Están todos los edificios desalojados. Junto a la cinta menos de una decena de compañeros que somos desplazados de nuevo por la policía. Se amplía el perímetro de seguridad. Hay que salir del campus. Nos resistimos hasta que no nos queda otra. Nadie ha abierto la boca, cada uno ha recogido lo suyo y nos distanciamos a través de la hierba hasta el edifico rojo de derecho. Nos colocamos y nos vuelven a echar. Aparece el Decano de la Facultad de Derecho. Quiere hablar. Mis compañeros no han llegado y no tengo grabadora. Saco el móvil que sigue recibiendo mensajes, y no lo puedo usar para llamar, pero sí para grabar. Tengo poca memoria pero espero que me llegue.

Entre los nervios y el desconcierto el Decano habla ya de perdón. Son las doce menos cuarto. Yo tengo sus declaraciones. Uso el móvil para mandar mensajes a los míos y tranquilizarlos, no dejaban de llamar y no daba ninguna señal. Aborté su preocupación con varios mensajes concisos y muy claros: “sólo susto. Estoy bien.”Los universitarios ya están en el barrio de Iturrama, justo encima del campus, alejados de todo peligro. La policía nos quiere llevar hasta allá. Nadie hace caso. Nos amenazan con sancionarnos si no obedecemos. Primeras sonrisas de la mañana.

Ya son quince los heridos confirmados. Nada sabemos de su estado. El denso humo negro se había tornado en blanquecino por los productos usados por los bomberos. Comenzaba a confundirse la columna blanquecina con el grisáceo cielo que encapota Pamplona. Sigue lloviendo.

Llegan los compañeros y se va el horror. Son ya 17 heridos, pero todos leves. Alivio profundo. Lo que tenía que pasar, ya ha pasado. Van a dar las doce y comienza el trajín informativo; hay que entrar en directo en los boletines nacionales y después hacer el programa local in situ. Uno no se ve como víctima, sino que intenta contar a través de las ondas lo que ha observado, las sensaciones, los sentimientos… lo vivido.

Llegan buenas noticias. Ha sido un milagro. Son miles los estudiantes que en el momento de la explosión se encontraban cerca del coche bomba. Y hoy nadie había pasado a esa hora de un edifico a otro; nadie estaba buscando un hueco para dejar el vehículo; nadie iba a coger nada a su coche; nadie dialogaba junto al aparcamiento. Son estampas que se repiten día sí y día también. Menos el jueves. Quizá porque llovía; quizá fue la fortuna; quizá fue el destino; quizá fue Dios…

El campus estaba vacío, sólo quedaba la policía y los bomberos.

Empapado, orgulloso, enojado, frustrado… era hora de dejar atrás la Universidad. Menuda mañana. Ganas de llegar a casa y contar todo, de abrazar a los tuyos. Había sido verdad, una bomba había explotado en la universidad, pero todos estábamos bien. Ducha caliente y la cabeza comienza a dar vueltas sola. Podía haber estado ahí aparcando mi coche a las once. O simplemente pasando a hacer alguna gestión. Los milagros existen.

Uno vuelve a tomar su cartera de estudios por la mañana y se dirige de nuevo a su Facultad con una extraña sensación invadiendo su cuerpo. Parecía un día más pero no lo era. Normalidad relativa, alegría de ver a todos los compañeros. Sonrisas, besos y abrazos. Funcionan los móviles. Los medios de comunicación abarrotan los pasillos en busca de testimonios. Ilusión por seguir estudiando Periodismo. Dos horas por delante de “Periodismo Especializado”. El profesor empieza la clase en euskera; nunca antes lo había hecho. No nos van a callar. No van a dinamitar la razón.

Nosotros hemos bajado todos a la uniersidad mostrando una reacción cívica, ataviados con nuestras valiosas armas de cada día: los libros, papeles en blanco, los bolígrafos y la palabra.