Correveidile

“¡Chivatico!” Siempre le decía lo mismo a mi hermano, desde bien crío. Ya se sabe que cuando uno es un retaco de medio metro y tiene que convivir con otro chiquillo con el que, además, comparte padres, las culpas se reparten por doquier y sin sentido. Son los contras de no ser hijo único. Siempre tienes que contarle a la madre lo que ha hecho tu hermano porque, claro, él antes le ha contado lo del balonazo y le debes una. No vas a ser tú el único castigado sin chuches este fin de semana. La pena, entre varios, se reparte mejor. Eso sí, la impotencia, los lloros, las riñas, los enfados… Lejos de separar a los hermanos les une aún más y les hace madurar. Pronto llega la adolescencia y uno, gracias a la empatía y a los chivatazos de crío, se siente mal con uno mismo e intenta sacarle la cara y guardarle las espaldas a toda costa. “No se lo digas a mamá ni de coña”. Si tu hermano te decía esto con menos de dieciséis años venía a significar que fueras corriendo a tu madre a contarle absolutamente todo, pero si confiaba en ti para hacer borota o para irse con los amigos a trasnochar, la cosa cambiaba. Entre hermanos hay colegueo y comprensión, pero la cosa cambia cuando las agresiones vienen de fuera. La verdad es que en este país hay una gran afición a hablar por hablar, simplemente por joder. Y en estas me veo. “¿Por qué no te callas?” Sabio Juancar, ha dado en la tecla. “Oye, sólo quiero decirte que dicen que dicen que un día dijo y eso, simplemente para que tengas cuidado”. Gracias majo, lo acabas de solucionar, ya estoy más tranquilo. Aunque si te digo lo que pienso de verdad, es que eres un verdadero gilipollas. No sé si es ignorancia o ganas de tocar los bemoles de la gente, pero hay quien se pone simplemente intentando “liar” a la gente; quizá para excusarse o, quien sabe, quizá por integrarse. O simplemente por tener algo que hablar con los demás. Menos mal que si a quienes intenta engañar (con el simple argumento de “cuidado, sólo te digo eso”) tienen medio dedo de frente, se juntarán a hablar para comprobar si es verdad o no “eso que me han dicho, pero que no sé muy bien qué es porque no me lo ha querido decir”. Ahora entiendo que la Patiño tenga credibilidad y que continúe en el `prime time´ televisivo. Parece que las formas funcionan. “Yo sé que lo sé y punto”. Pamplinas, por no decir gilipolleces. Voy a tener que empezar a compadecer a los correveidiles, una gran palabra compuesta, aunque yo prefiero la de tocapelotas. ¡Ay!, Alvarito, Alvarito, en boca cerrada no entran moscas. A ver si te vas a atragantar y te ahogas en tus mentiras, ¡tocapelotas!

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Acerca de periodismodigitalytal
Estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra, con ilusión por la profesión y ganas de trabajar.

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